Información de adicciones, ayudas técnicas, discapacitados, mujer, tercera edad, voluntariado Cursos de informática, empresa, humanidades e historia, idiomas, salud, protocolo y otros Colabora con portal solidario Juegos, pasatiempos, cultura, información Página de inicio, home
Centro de Documentación Plataforma de Formación Colaboraciones Ocio y Cultura Contacto
Portada El Weblog Los Foros Galería de fotos Ayuda
Buscar Artículos:

¿ QUÉ ES EL WEBLOG SOLIDARIO ?

El Weblog de Portal Solidario es un espacio gratuito que te da la posibilidad de publicar tus opiniones y pensamientos sobre los temas que te proponemos.

 Weblog -> Relatos Solidarios -> Ver Artículo  Veces Leido   4782  


Pequeña Pimkie

I Concurso Internacional de Relatos Solidarios

Autor: Sonia López

Llegué un día a Mumbai, esa imponente ciudad de la India, incapaz de albergar tanto de todo para unos pocos y tan poco de nada para la mayoría. Tan mísera y a la vez tan digna.

Allí, la abundante humedad se une al calor para crear una atmósfera tan concentrada como las chabolas que se amontonan a los lados de las vías del tren, cunetas de la carretera, debajo de las inmensas autopistas, a la puerta de grandes hoteles... En definitiva, en cualquier hueco que deja la ciudad.
Aquellos que viven bajo ese conjunto de maderas y plásticos, tienen suerte, ¿verdad Pimkie?, así lo pensabas tú, cuando tenías como único hogar las vías del tren, cuando te protegías durante el monzón con un pedacito de plástico y pasabas días, semanas y meses en soledad. Preferías eso a juntarte con los chicos de las bandas.

Si, es cierto que tú antes también disfrutabas de una vida familiar en aquella chabola del Slum, pero claro, algún injusto dios te quiso castigar por una supuesta maldad que, según decían tus padres, cometiste en una vida anterior. Enfermaste de lepra y consideraron que tamaño pecado no tenía perdón.

No entiendo de creencias hindúes, pero miro esos inmensos ojos negros y sólo veo la paz e inocencia propios de tus 11 años.

Ahora ya estás curada, pero sin una familia y sin un hogar, no tienes a dónde ir. Suerte que puedes seguir viviendo en este lugar; y también estudiando, para que un día puedas trabajar como la mamá de tu amiga Maunta.

Ella también tenía tu misma enfermedad, se curó y ahora atiende a otros enfermos de lepra como James, aquel hombre que un día llegó con la cara quemada, ciego y sordo. En su pueblo también pensaron que la lepra era un castigo que se tenía merecido y algún desalmado le arrojó ácido a la cara.

Tú has tenido más suerte.

Pero antes de que aquella mujer te encontrara y te trajera hasta aquí, estuviste mucho tiempo deambulando por las calles sin destino, tratando de sobrevivir. Es normal que no sepas calcular cuántos años, ni cuál era el nombre que te pusieron tus padres, pequeña Pimkie.

A mí también me gusta este nuevo nombre que te dieron en el Centro.

¿Saliste alguna vez de aquella zona divida por las vías del tren en la que te abandonaron? ¿Conoces Ganaeshnagar? Es un Slum que está a las afueras de la ciudad. Allí la pobreza lo invade todo. Desnutrición, falta de salubridad, hacinamiento... se pueden distinguir todos los elementos que componen la miseria. Sin embargo, en medio de tanta inmundicia, es la dignidad, generosidad y la amabilidad de sus gentes lo que impresiona.

Tenemos que ir un día juntas para que conozcas este lugar. Hay muchísimos niños con los que podremos jugar por la tarde, cuando terminen de trabajar.

¿Si puedes hacer con ellos los deberes?

Ninguno ha ido nunca a la escuela. No saben leer ni escribir, pero quizás tú, pequeña, les puedas enseñar.

Yo fui ayer, estuve toda la tarde. No veas cómo se alegran al ver una persona nueva, ¡además, una occidental! Creo que son demasiados pequeños para comprender que ese mundo que tanto admiran es, en buena medida, culpable de su miseria.

Por cierto, me han contado que desde que llegaste al Centro te has convertido en una chica muy responsable. Por eso te han encargado a ti que vigiles a Sonaly cuando las cuidadoras estén demasiado ocupadas. Sois muchas y a veces no pueden estar atentas a todo.

¿Te acuerdas del día que llegó? La trajo hace unos meses su padre porque, al quedarse viudo, no podía hacerse cargo de la pequeña. En la partida de nacimiento que le hicieron cuando ingresó en el Centro, anotaron que tenía un año y medio, pero la verdad es que nadie sabía cuál era su edad, ni siquiera su padre. Todavía no ha empezado a andar, ¡y eso que tú te esmeras en enseñarle! Tienes que esperar a que recupere un poco más de peso y, entonces, seguro que lo conseguís.

Sonaly ya tiene padrinos. Son españoles. Te alegras por ella, pero preguntas en voz alta si algún día alguien te apadrinará a ti. Sabes que prefieren a los bebés, pero no pierdas la esperanza, pequeña Pimkie.

Dices que en el Centro tus compañeras y tú sois felices, y yo, después de hablar con vosotras, sé que es verdad. Pero a pesar de todo ese cariño que os dan las responsables, no me podéis ocultar vuestro pequeño secreto: echáis mucho de menos el amor cercano de aquellos seres queridos que ya no están.

Lo que sí me dices es lo agradecidas que estáis a todas esas personas que colaboran con la Organización que en su día construyó y que ahora mantiene este Centro, pero también lo enfadadas que os sentís con la parte del mundo que os da la espalda.

Y yo, sólo puedo darte la razón...

Me tengo que ir Pimkie. No sé si algún día podré volver a la India ni si te encontraré...

Pero antes de ir al aeropuerto, quiero perderme en otro Slum.

Me siento en un alto y observo la escena que tengo ante mí. Pienso en cómo se puede subsistir en esta condición, muy por debajo de donde, antes de llegar hasta aquí, creía que estaba el límite de lo infrahumano. Me pregunto cómo es posible que un glorioso edificio que alberga orgulloso al Banco más importante del país esté rodeado de enormes explanadas cubiertas de viviendas que ni siquiera merecen el calificativo de chabolas. No puedo concebir que la condición humana sea consciente de esta situación y a la vez la permita.

Pero tú, Pimkie, me enseñaste una lección: frente a lo inmundo de esta situación se encuentran las personas que luchan día a día sobre el terreno, movidos por la esperanza de cambiarla. Tienes razón, en Mumbai se enfrentan cara a cara lo peor y lo mejor de lo que es capaz la humanidad. Sabes de lo que hablas, porque en tu corta existencia ya te has encontrado con ambos extremos.

Suerte y hasta siempre, pequeña.

Sonia López


2003-10-06
 


Comentarios

0 comentarios de esta noticia

Portal Solidario, S.L. – Ctra. de la Coruña, Km. 18,200 – Edif. C – 1º_ 28231
Las Rozas (MADRID) / Tel.: (+34) 91 710 58 62/ Fax: (+34) 91 637 49 10/ Contacto
CIF: B/82717000. Registro Mercantil de Madrid, Tomo 15524. Libro 0. Folio 184. Sección 8, Hoja M-261147
® Portal Solidario . Todas las marcas están registradas y son propiedad de sus respectivos dueños.
© 2009 Prohibida su utilización sin autorización expresa Aviso legal