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Bello Reto

I Concurso Internacional de Relatos Solidarios

Autor: Mª Lourdes Arias Muñoz (LAM)

Una vez más tenía que cumplir con la ardua labor de educador. Esta vez se debatía entre sus ideas acumuladas de tantas y tantas vivencias nefastas o en las que él había soñado, las que siempre había tenido guardadas en lo profundo de su corazón.

Sería tema de clase del día siguiente y él llevaba sentado un buen rato ante un folio en blanco sin decisión. "¡Qué difícil obra la de la educación!" - pensaba -. "A infantes tenemos que hacerles hombres, los cuales aportarán (al igual que nosotros arrastramos), muchas teorías, ideas, costumbres... de sus antecesores: los distintos educadores que hayamos pasado por su vida. ¡Complicado trabajo!. Estamos moldeando futuro, deberíamos hacerlo con gran tiento, no podremos quejarnos más tarde de lo que hayamos realizado. ¡No!".
Un niño, su hijo, le alejó de sus pensamientos al acercarse y darle un abrazo mientras le decía:

- ¡Hola, papá!. ¿Podrías ayudarme?. No tengo claro lo que debo hacer.

- De acuerdo, dime, ¿qué ocurre?

- Mañana tendremos prueba práctica de Física, para nota de evaluación, en el laboratorio. Debemos hacer un circuito y... Sólo hemos visto teoría; no hemos hecho ni contemplado nada práctico, por lo que mis compañeros se quieren negar a realizarlo. Piensan no presentarse y... No sé qué hacer. Yo podría desarrollar la prueba perfectamente porque tú me lo has enseñado, pero... comprendo a mis colegas; no lo conocen, no nos lo han enseñado. Es injusto que lo exijan. ¿Qué hago papá?. Si no nos presentamos, cero, y si no me uno a ellos, por temor a esa nota, me considerarán un traidor...

El padre sonreía al escucharle su tema, el que tenía que preparar para la clase del día siguiente, lo tenía ahí; su hijo se lo tendía. Sería a él al primero al que tendría que explicar la palabra SOLIDARIDAD.

- Nacho, hijo, busca en el diccionario "Solidaridad" y lee lo que pone.

Nacho, estupefacto, pensó que sería una pérdida de tiempo, (hay edades en las que creemos estar en la posesión de saberlo todo), ¡para qué buscarlo!; sin embargo, no refunfuñó y abrió el diccionario.

- Papá, te leo. Solidaridad: comunidad de intereses y responsabilidades. Modo de desecho u obligación in sólidum. Adhesión a la causa o empresa de otros.

- Y... ¿sabes a lo que se refiere?

- Por favor papá - respondió Nacho con tono ofendido - por supuesto que lo sé.

El padre le miró y recordó cuando él tenía su edad; por ello, pacientemente, le invitó a analizar distintas situaciones cotidianas comenzando a recapacitar sobre la familia.

- Hijo, escúchame atentamente y contesta con sinceridad. El otro día fui testigo de una conversación entre tu hermana y tú. Ella te rogaba disminuyeras el volumen de la música que escuchabas ya que poseía una gran jaqueca y tú, egoístamente, no aceptabas su petición hasta que yo lo exigí. ¿Creíste ser solidario?

- Bueno,... es que ella, otras veces, no piensa en los demás.

- ¡Ah!, parece que ser solidario es "ojo por ojo y diente por diente", ¿no?
Nacho no acertaba a responder, estaba abrumado y sabía que este era el primer punto de un largo diálogo; pero aún así contestó que en otras ocasiones él comprendía a los demás. El padre continuó hablando.

- Recuerdas las veces que nosotros hemos tenido cerca a indigente y le hemos ayudado...En ocasiones, oímos como perjudican, por lo que se les juzga, se les aparta y condena; tú al saberlo, los criticabas cruelmente y con tu mirada me reprochabas mi actuación. Un día, protagonizamos aquel momento en el que uno de ellos te ofrecía ayuda al haberte caído; y es más, te regalaba un pastelillo de los que él comía. Para ambos fue toda una sorpresa y particularmente para ti al suponerte no volver a enjuiciarles perniciosamente.

- Sí papá, yo sé todo lo negativo de este mundo, mas aquel día analicé todo cuanto me habías dicho muchas veces y comencé a valorar. Antes, en posteriores ocasiones, de conceptuar cavilé el porqué de sus situación, de sus comportamientos, de sus desaires,... A partir de ese momento comprendí  sus miradas desafiantes, llenas de superioridad y compasión hacia nosotros.

El padre le escuchaba orgulloso. Sin embargo, hizo caso omiso a sus palabras y prefirió no ensalzárselas.

De pronto, sonó el timbre de la puerta. Nacho fue y sin abrir, observó que se trataba de Testigos de Jehová y por supuesto, no contestó. Regresó hasta donde estaba su padre comentando:

- No eran más que los pesados de los Testigos de Jehová, ¡claro!, ni me he dignado a responderles.

Su padre le miró dura y fijamente. Nacho sintió que la mirada le fulminó y supo que iba a seguir escuchándole. Él que tenía respuestas para todo,... ¡fallaba tantas veces!

- No se merecían ni un saludo. Ni un qué desean. ¿Ni siquiera en un momento crucial hablando de solidaridad, tú se lo has denegado?. Puedo aceptar que sus métodos te resulten molestos, pero ellos sólo tratan de convencerte de algo que creen justo. Es fácil admitir y convivir con seres que tienen más o menos nuestra misma ideología; lo difícil es respetar a los que poseen distintos ideales políticos, religiosos,... ¿Te gustaría que a ti te rechazaran en muchas ocasiones?. Busca la razón en los demás. Encuéntrala aunque te resulte extenuante la tarea. No deberás vivir con lo de ellos si tú no lo consideras conveniente. Por mucho bombardeo propagandístico que te llegue, sé regio con tus ideas, tenlas bien definidas y claras...; sólo cuando estés cerca de alguien (sea quien sea), por favor, no te olvides de saludarle.

Nacho, cabizbajo, escuchaba. Ahora no acertaba a responder y por no mirar a su progenitor se entretenía haciendo garabatos en una libreta. De pronto, oyó suspirar hondamente a su padre y comprendió que algo más tendría que decirle.

- ¿Qué haces?

- Nada papá, hacía por hacer...

- Bonita forma de ser solidario con la Naturaleza, ¿verdad?. Comprobando científicamente que nuestro Planeta se muere lentamente mientras nosotros somos tan insensatos, tan zoquetes y mezquinos que no damos valor a sus mensajes.

- Papá, yo voy de acuerdo con los ecologistas y defiendo sus ideas.

- Defenderlas no lo dudo; pero realizarlas,.. He intentado enseñarte que no es mejor el que más limpia, sino el que menos ensucia. Ni el que recicla papel que ya no le sirve (por supuesto que es una buenísima labor), ya que si lo ha usado con fines equivocados o alegremente, ha perjudicado tanto o más al planeta que otro que no tenga como uso el reciclaje. ¡Piénsalo, Nacho, piénsalo!

El joven quedó derrotado y confuso. Cada vez estaba más aturdido y convencido de que él en teoría,... Intentó salir del compromiso y aun reconociendo no ser propicio el momento,...  

- Perdona, he olvidado comentarte que teníamos que aportar un donativo como colaboración con una ONG y por supuestísimo lo rellenaré ya que es una causa noble. Me lo quitaré de mi paga con gusto.

- Te honra tu actuación.

Nacho, encantado, con mirada altiva, pensó lo feliz que se sentía su interlocutor; mas inmediatamente descubrió que su padre no había terminado.

- No creo que te suponga un gran sacrificio dar parte de tu paga. Tú no te quedas sin nada y aunque así fuese, sabes que pronto tendrás de nuevo dinero. Honorables son aquellas personas que con un dinero mínimo aún restan una parte para ayudar a los demás; esos son los dignos de alabanza. El que da de lo que le sobra, está bien, ¡claro!, sin embargo, no puede esperar corona de laurel. No sé tú...; opino que todavía es más difícil encontrar personas saludables que otorgan su tiempo y se ofrecen desinteresadamente. Desgraciadamente son un mínimo porcentaje. Por otra parte, también en muchas ocasiones, colaboramos más fácilmente por causas ajenas a nosotros y vendamos nuestros ojos a la ayuda que pueden necesitar los que tenemos a nuestro lado: familia, vecinos, comunidad,... ¡Medita sobre ello, jovencito, medita!

Nacho, miró sumiso y pleno por las palabras de su padre, el cual dulcemente continuó diciéndole:

- Ser solidario es tan difícil. A veces te lo impide tus vivencias, el egoísmo, la educación, un status,... Tienes la oportunidad de ponerte a prueba. Debes elegir si deseas y te es merecedor ser solidario con tus compañeros. Reflexiónalo y se tú. Mañana lo comentaremos, ¿de acuerdo?. Ahora vamos a seguir cada uno con nuestra labor.

Nacho salió de la sala convencido; al día siguiente no estaría presente en el examen. No obstante, le manifestaría al profesor las razones por su ausencia, (quizás su educador reconociese uno de los valores fundamentales de la vida), y con ello, él comenzaría a dejar de tener miedo a ser un pequeño grano de arena que contribuyese a formar un mundo mejor.

Aquel padre - profesor ya a solas con su pensamiento sonrió y masculló: ¡qué difícil"... Sus labios reflejan el alborozo que sentían su mente y su corazón al comprender que ya sabía como hablar mañana en clase. El ensayo previo, lo había hecho con su hijo: su mayor reto en cuanto a educación.

Mª Lourdes Arias Muñoz (L A M)


2003-10-06
 


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